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Cancillería bajo presión: el caso de los dominicanos reclutados por Rusia pone a prueba la diplomacia dominicana

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Tropas rusas en el frente de guerra

El caso de los dominicanos reclutados para combatir en la guerra entre Rusia y Ucrania dejó de ser una historia individual para convertirse en una prueba de fuego para la diplomacia dominicana. El nuevo video de Juan Carlos Ávila Espaillat —herido por segunda vez en el frente— y la vigilia permanente de familiares frente a la Cancillería colocan al Ministerio de Relaciones Exteriores en el centro de una crisis humanitaria que exige respuestas de Estado.

Ávila, de 28 años, pidió directamente al presidente Luis Abinader que gestione su retorno. Su madre agotó la ruta institucional: denuncia ante la Policía Nacional por posible trata de personas, visita a la Embajada de Rusia en Santo Domingo y entrega de documentos a la embajada dominicana en Moscú. Según su versión, la representación diplomática dominicana le pidió el acta de nacimiento de su hijo y un acto de apoderamiento notariado, pero desde entonces no ha recibido información suficiente sobre los avances.

El contraste que duele

En los videos que circulan, los propios dominicanos atrapados en el conflicto contrastan su situación con la de ciudadanos de otros países latinoamericanos —mencionan a Perú y Panamá— cuyos gobiernos, afirman, ya gestionaron rescates. "Los dominicanos no tenemos a nadie que abogue por nosotros", se escucha en una de las grabaciones. Esa percepción, cierta o no, es políticamente costosa para cualquier cancillería.

Conflicto entre Rusia y Ucrania

Lo que está en juego

El caso tiene varias capas políticas. Primero, la denuncia de reclutamiento engañoso: familiares aseguran que los jóvenes viajaron atraídos por ofertas de trabajo como soldadores y terminaron firmando contratos militares bajo coacción. La madre de Ávila llevó el caso a la unidad policial que atiende la trata de personas, lo que abre la puerta a una investigación penal sobre redes de reclutamiento que operarían desde territorio dominicano.

Segundo, el frente diplomático: repatriar ciudadanos desde una zona de guerra activa, del lado de un ejército extranjero, requiere gestiones con Moscú que van más allá de una nota verbal. Y tercero, el costo político interno: con familiares en vigilia frente a la Cancillería y videos que se viralizan cada semana, la inacción se vuelve visible.

La pregunta para la Cancillería

La interrogante que queda sobre la mesa es directa: ¿qué mecanismos concretos tiene activados la Cancillería para estos casos y en qué punto están las gestiones? Mientras las respuestas no lleguen, cada nuevo video desde el frente seguirá alimentando la misma narrativa: la de un Estado que aún no logra traer de vuelta a los suyos.

Fuentes: Diario Libre, RNN, RCC Noticias, Dominicano Ahora.

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