El perfil de Abelardo de la Espriella, "El Tigre": 60 días de presidencia y un giro a la derecha
En junio de 2026, Colombia eligió como presidente a un abogado sin experiencia política, de triple nacionalidad (colombiana, italiana y estadounidense), al que sus seguidores llaman "El Tigre". Abelardo de la Espriella derrotó en segunda vuelta al senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, por apenas 251,854 votos: 12,960,166 frente a 12,708,312, una de las diferencias más estrechas en la historia reciente del país. Tomó posesión el 7 de agosto con un programa de mano dura contra el crimen, recorte del tamaño del Estado y megacárceles. Dos meses después, su gobierno ya tiene un balance que contar —y que criticar.
60 días: gasolina, Irán y extradiciones
El 1 de octubre, De la Espriella ordenó revertir un aumento de $46 por galón de gasolina que debía empezar a cobrarse ese mismo día, congelando el precio durante todo octubre. "Nuestro primer deber es con el ciudadano", dijo, y pidió a su ministra de Minas explicaciones públicas antes de cualquier medida que afecte el bolsillo. El mismo día, rompió formalmente las relaciones diplomáticas con Irán —más de cinco décadas de vínculo— y declaró terrorista a la Guardia Revolucionaria Islámica. En seguridad, el balance de sus primeros 60 días incluye el traslado de 117 reclusos de alta peligrosidad, la extradición a Estados Unidos de alias Araña, 19 cabecillas capturados y 73 extradiciones firmadas. También anunció auditorías al fondo de prestaciones del magisterio (FOMAG) y un plan de choque energético. Es un estilo de gobierno por decreto y por golpe de efecto: rápido, mediático y sin pedir permiso al Congreso.
De abogado a presidente: el fenómeno
De la Espriella construyó su proyecto político en apenas dos años, desde Barranquilla, con un discurso centrado en seguridad, orden público y crítica frontal al gobierno de Gustavo Petro. Su victoria fue un plebiscito contra la izquierda: el petrismo no logró retener el poder tras su histórico triunfo de 2022. El mapa electoral mostró un país partido —él ganó el interior andino, Cepeda se quedó con Bogotá, el Caribe y el Pacífico—, y esa fractura es su principal desafío de gobernabilidad. Ganó por menos de un punto porcentual: medio Colombia no votó por él, y eso pesa en cada decreto.
Qué le importa esto a la República Dominicana
Colombia es un espejo incómodo y útil para la RD. Primero, el modelo de mano dura contra el crimen que De la Espriella promete —megacárceles, extradiciones masivas— será observado con lupa en el Caribe, donde el narcotráfico y las pandillas marcan la agenda. Segundo, su alineación con Washington (las extradiciones a EE.UU. son el centro de su política de seguridad) lo convierte en un aliado natural de la administración Trump y del secretario de Estado Marco Rubio, que ya tiene a la RD en su lista de países "que hacen las cosas bien". Tercero, su ruptura con Irán y su retórica antiterrorista anticipan una región donde la diplomacia de gestos fuertes vuelve a estar de moda. Para la política dominicana, la lección es clara: el outsider que llega sin experiencia pero con mensaje claro ya no es una anomalía latinoamericana, es una fórmula que gana elecciones. En el ranking regional, "El Tigre" sube.

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